¿Por qué el discipulado?
Discipulado

¿Por qué el discipulado?

D David Bubenzer · 6 de Octubre de 2026 · 4 min
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“Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo”.

— Lucas 14:33

“Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo”.

— 1 Corintios 6:20

Debes meditar en el discipulado…

Imagina que alguien a quien amas te hablara una y otra vez del mismo tema. Sin duda esperaría que también a ti te interesara y que reflexionaras en ello. ¿Por qué insistiría tanto? Porque ese asunto le importa muchísimo y desea que llegue a importarte a ti también.

Por eso Jesús habló tanto del discipulado. El término «discípulo» aparece más de 200 veces en los Evangelios y unas 30 veces más en Hechos de los Apóstoles; además, las epístolas vuelven una y otra vez sobre el tema. ¡Es evidente que se trata de un asunto de gran importancia para el Señor! ¿Piensas tú a menudo en el discipulado? Él habla largamente de ello; ¿escuchas su voz? “¡El que tiene oídos para oír, que oiga!” (Lc. 14:35).

El llamado no podría ser más radical: renuncia a todo lo que tienes, niégate a ti mismo, deja de vivir para ti y pierde tu vida para ganarla (véase Lc. 14:33; 9:23-24). ¡Y estas palabras el Señor nos las dirige directamente a nosotros!

Supón que un farmacéutico te entrega un medicamento y te advierte que sigas al pie de la letra las instrucciones del prospecto, porque de lo contrario podrías perder la vida. ¿Qué harías? Te sentarías en casa, bien despierto y con buena luz, y lo leerías varias veces, hasta la letra pequeña. Y todo eso por un consejo que solo atañe a tu bienestar físico aquí en la tierra.

Las palabras del Señor Jesús sobre el discipulado son infinitamente más importantes, porque de ellas dependen el sentido y el valor de tu vida, no solo aquí y ahora, sino por toda la eternidad. Deja, pues, que la luz de la eternidad alumbre las instrucciones que Él te da, ¡y lee también las que te resultan incómodas! Solo tienes una vida.

Ningún ámbito de la vida queda excluido:

Alguien lo expresó acertadamente: «La salvación de mi alma no me cuesta nada; el discipulado me cuesta todo». ¿Qué área estás dejando fuera —quizá sin darte cuenta— porque nunca has considerado seriamente el discipulado?

Nadie amanece un día convertido en discípulo; eso no sucede por sí solo. Hay que quererlo. El Señor dice una y otra vez: “Si alguien quiere venir en pos de mí…” (Mr. 8:34; Lc. 9:23). También te dirige personalmente este llamado: “¡Sígueme!” (Jn. 21:22). ¡Se requiere una decisión consciente! ¿Ya la has tomado? ¿Sigues al Señor Jesús?

El encargo es inequívoco: “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones…” (Mt. 28:19). Hacer discípulos no es tarea de unos pocos: es una misión para todos los cristianos sin excepción, ¡también para ti!

Pero ¿cómo cumpliremos ese encargo si no sabemos qué es un discípulo ni cómo se hace uno? Imagina a un vendedor que sale a buscar clientes sin saber qué es un cliente. ¡Inconcebible! Y, sin embargo, así viven muchos cristianos: han recibido la misión de hacer discípulos, pero ignoran en qué consiste y cómo llevarla a cabo. Si a ese vendedor lo despidieran por no alcanzar sus metas y él alegara que no sabía qué era un cliente, la respuesta sería inevitable: «¿Y por qué no preguntaste?».


¿Y tú? ¿Sabes qué es un discípulo y cómo discipular a otros? ¿Estás cumpliendo la misión que se te ha encomendado?

 

Traducido desde thebiblestudy.site

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