Pedir obreros para la cosecha
Exhortación

Pedir obreros para la cosecha

R Ricardo Vasconcelo · 16 de Junio de 2026 · 3 min
Letra:

“Después de estas cosas, el Señor designó también a otros setenta, y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: «La mies, a la verdad, es mucha, mas los obreros, pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies»”. (Lucas 10:1–2)

“Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha, pero los obreros, pocos; por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a su cosecha»”. (Mateo 9:35–38)

Imaginemos la siguiente escena: trabajamos para una empresa dedicada a fabricar baterías para teléfonos celulares. La labor que tenemos es sobrecogedora: cada día, las ventas de teléfonos móviles aumentan exponencialmente. El departamento encargado de comprar las materias primas nos provee continuamente el material que necesitamos para la fabricación; el departamento de capacitación nos entrega, de manera constante, la información necesaria para que nuestro conocimiento sea acorde con el trabajo que realizamos. Sin embargo, la demanda es tan grande que vivimos sobrecargados.

Somos veinte trabajadores en una pequeña planta que debe producir para cientos de miles de teléfonos celulares. El volumen de trabajo es tan abrumador que, sintiendo el peso de la labor, miramos al gerente de la empresa y le suplicamos: «¡Por favor, contrate más trabajadores! ¡No damos abasto!»

Este breve relato —cuyo significado el lector perspicaz habrá captado— ilustra bien lo que expresan las palabras del Señor en los pasajes de Lucas y Mateo. En nuestras oraciones personales y colectivas solemos decir: «Señor, envía obreros a tu mies, porque la mies es mucha, pero los obreros son pocos». Sin embargo, en el contexto en que el Señor pronuncia estas palabras —el envío de los setenta a predicar el evangelio por la tierra de Israel— la súplica nace del sobrecogimiento ante la tarea. No es una petición formal, nacida de manos impolutas y pulmones vírgenes. No: es el clamor de obreros que, abrumados por la cantidad y magnitud del trabajo, piden al Señor de la mies que envíe más obreros, porque sencillamente no dan abasto.

¡Oh, cuántas veces repetimos estas palabras en oración sin estar verdaderamente involucrados “en la obra”! Quizás decimos: «Señor, envía obreros… porque yo no puedo». Luego, siguen las excusas.

El capítulo 9 de Lucas —el capítulo anterior— cierra con versículos muy solemnes, que se vinculan directamente con este tema y que también hablan a nuestro corazón. En ellos se nos presentan tres tipos de personas en relación con la obra del Señor. Haríamos bien en leerlos desde esta perspectiva. Si vamos a orar: «Señor, envía más obreros», deberíamos preguntarnos si hemos pasado la ‘prueba’ de Lucas 9:57–62.

Querido lector cristiano, querido joven hermano o hermana: deja que el contexto bíblico dé respuesta a la meditación de este pasaje. Sabemos y reconocemos la falta de obreros en la cosecha; oramos por ello con frecuencia. La pregunta es: ¿nace esta oración de una comprensión profunda de la necesidad, o de la pereza de no querer ir uno mismo a la cosecha?

 

Dejemos que el Señor examine nuestros corazones.

Pedir obreros para la cosecha
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