“También vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que se les concedió autoridad para juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano. Volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años” (Apocalipsis 20:4)
Se presenta a continuación un dato histórico y teológico de interés para comprender el origen de la idea de que el Milenio no es literal o de que la Iglesia ya estaría viviendo el Reino en el presente (posición conocida como amilenialismo).
Uno de los principales responsables de que la Iglesia —en su mayoría— abandonara la interpretación literal de la profecía fue Agustín de Hipona, en el siglo V. Resulta llamativo que, al comienzo de su ministerio, Agustín sostuvo una postura premilenialista. Él mismo lo dejó por escrito en La Ciudad de Dios (Libro 20, cap. 7), donde afirma textualmente: «Hubo tiempo en que también yo fui de esta opinión».
Durante los primeros tres siglos, la Iglesia fue firmemente premilenialista; sin embargo, esta postura fue perdiendo fuerza en los siglos posteriores, en gran medida por la influencia de Agustín. Después de la Reforma, algunos anabaptistas comenzaron a recuperar esta convicción sobre el milenio literal (aunque no estuvieron exentos de errores interpretativos). Más adelante, en el siglo 19, J. N. Darby logró sistematizar estas ideas de forma magistral, por lo que suele considerárselo el «padre del dispensacionalismo».
En cuanto al cambio de Agustín, el motivo no fue el hallazgo de un error en la Biblia, sino más bien dos factores:
A esto se sumó un factor político: en los días de Agustín, el Imperio Romano se había vuelto “cristiano” bajo el emperador Constantino (en el sentido de profesar una fe, no necesariamente de vivirla). Como la Iglesia ya no era perseguida, sino que tenía poder, fue más fácil acomodarse y adoptar la idea de que «ya estábamos reinando» y de que Satanás ya estaba atado.
La importancia del tema radica en el peligro de interpretar la Biblia según las modas políticas del momento o como reacción a los errores de otros. Cuando se deja de leer la Escritura de manera directa e histórico-gramatical —como era lo usual en los primeros siglos, y como fue retomado con fuerza desde el siglo 19 en adelante—, se termina espiritualizando las promesas de Dios.
Se señala, además, que Satanás no está atado (1 Pedro 5:8 dice que anda como “león rugiente”) y que la Iglesia no es el Reino geopolítico de Cristo. El Reino davídico será literal, físico y futuro, cuando el Señor regrese a la tierra.
“El SEÑOR será Rey sobre toda la tierra. En aquel día el SEÑOR será uno, y uno su nombre” (Zacarías 14:9)