La palabra dispensación es una traducción de la palabra griega oikonomía, la cual está compuesta de dos palabras: “casa” (oikos) y “ley” (nomos). Literalmente significa «ley de la casa», pero puede traducirse de diversas formas: administración, mayordomía, economía o dispensación, palabras que son todas sinónimos. Se trata de la administración de una casa. Por ejemplo, en la política norteamericana, los hombres hablan de la «administración Bush» o de la «economía Clinton», lo cual nos da una idea de la utilización de esta palabra (véase su uso en Efesios 1:10 y 3:2).
A menudo se enfatiza que la palabra dice relación con la responsabilidad; una mayordomía es algo que se encomienda a los hombres y ellos son responsables de cómo la administran. Una buena definición de esta palabra, tal como se usa en el sentido bíblico, es:
«Un orden de cosas establecido por Dios, según el cual él gobierna a los hombres que están en relación consigo mismo». (J. N. Darby)
Otro escritor lo describió de la siguiente manera:
«La teología dispensacionalista puede definirse simplemente como un sistema teológico que busca desarrollar la filosofía de la historia bíblica sobre la base del gobierno soberano de Dios. Expone que la totalidad de las Escrituras y la historia está bajo diversas dispensaciones del gobierno de Dios.» (Dr. Renald Showers)
Dios ha puesto al hombre bajo varias dispensaciones para dar a conocer su gloria, para que su propósito continuo en Cristo avance, y para probar a los hombres, quienes han fracasado en todas las dispensaciones en las que fueron puestos bajo responsabilidad.
Es importante recalcar que no es simplemente una forma de dividir la Biblia en épocas o períodos de tiempo; es mucho más que eso. W. E. Vine lo describe de esta forma:
«Una dispensación no es un período ni una época (uso común, pero erróneo de la palabra), sino un modo de tratar, una disposición o administración de los asuntos.»
Estas dispensaciones revelan el plan de Dios y sus consejos con respecto a Cristo y, repetimos, muestran cómo el hombre ha fracasado en mantener la gloria de Dios, la cual será establecida en el Hombre que él ha escogido, Aquel que no fallará y que no puede fallar: el Señor Jesucristo.
Uno de los principales distintivos de la enseñanza dispensacionalista es el lugar que la nación de Israel ocupa en el desarrollo del plan de Dios y de Sus propósitos finales para este mundo. Siempre teniendo presente que, durante el actual período de la Iglesia, la distinción antes existente entre judíos y gentiles ya no existe en cuanto a la salvación. Todos han pecado, sean judíos o gentiles, y una vez salvos, las distinciones nacionales desaparecen en Cristo (véase Efesios 2:14-16). Sin embargo, todavía existe un lugar futuro para Israel en los propósitos de Dios. [1]
Esta interpretación está basada en una lectura literal, gramatical e histórica de la Palabra, especialmente de las promesas y profecías del Antiguo Testamento, en contraste con la hermenéutica alegórica. Alguien dijo lo siguiente:
«Si entendemos correctamente cuál es el papel de Israel, entonces nuestra escatología será correcta; pero si lo entendemos incorrectamente, entonces nuestra escatología será incorrecta».
Ha habido diferentes puntos de vista respecto a cómo clasificar los diversos períodos dispensacionales, así como acerca del número total de dispensaciones. Algunas personas utilizan esta inconsistencia como un argumento en contra de la interpretación dispensacional de las Escrituras. Pero ¿qué sistema teológico no ha experimentado algo semejante? Toda doctrina teológica tiene defensores que sostienen diversas variantes o incluso aparentes inconsistencias. Esto no es necesariamente algo negativo, ya que cualquier declaración doctrinal puede fortalecerse o sufrir modificaciones positivas cuando es sometida a examen.
El punto de vista del autor de este libro es el que comúnmente se ha llamado dispensacionalismo clásico [2]. Considera que es el que mejor representa la verdad escritural de la enseñanza dispensacional de la Biblia.
(La época actual de la Iglesia — intervalo) [5]
Luego viene:
El estado eterno (cielos nuevos y tierra nueva), que sigue al milenio. [6]
Independientemente de si se trata del hombre puesto en inocencia en Edén, o bajo promesa en los tiempos patriarcales, o bajo la Ley de Moisés, o en el reino davídico, todo termina con el fracaso del hombre, que no logra sostener la dispensación para la gloria de Dios.
Sin embargo, todos estos períodos dispensacionales, con sus responsabilidades y características particulares, serán cumplidos por el Señor Jesucristo:
“[El misterio de su voluntad] de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10 RV60).
El “cumplimiento de los tiempos” es el período milenial en el que todo será cumplido en Cristo. Todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra, serán reunidas bajo una sola Cabeza: Cristo, para la gloria de Dios.
Promesa, Ley y Reino serán perfectamente cumplidos en Cristo.
C. I. Scofield escribió:
«El propósito de cada dispensación es poner al hombre bajo una regla específica de conducta, pero tal mayordomía no es una condición de salvación. En toda dispensación pasada, el hombre no regenerado fracasó, y también lo ha hecho en esta dispensación actual, y así será en el futuro. Sin embargo, la salvación siempre ha estado, y seguirá estando, disponible para él por la gracia de Dios por medio de la fe.»
Una hermenéutica histórica y gramatical nos conducirá a una perspectiva bíblica premilenial y dispensacionalista. Esto no excluye el uso de tipos, figuras, formas de expresión o aplicaciones espirituales, pero ante todo interpreta la Palabra de Dios de manera literal.
Así, cuando la Biblia habla de las promesas hechas a Israel o de la segunda venida de Cristo en el Antiguo Testamento, esta hermenéutica entiende dichos pasajes en su sentido natural.
La hermenéutica amilenialista acepta que las profecías relativas a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente, pero frecuentemente espiritualiza las profecías relacionadas con su segunda venida, interpretándolas como referencias a la propagación del evangelio durante la presente época de la Iglesia. Por el contrario, el dispensacionalista entiende que esas profecías tendrán un cumplimiento literal futuro en relación con la venida gloriosa de Cristo y el establecimiento de Su reino.
[1] La teología de pactos y la teología amilenialista niegan cualquier lugar futuro para la nación de Israel.
[2] Este punto de vista fue sostenido por los expositores de la verdad dispensacional en el siglo 19, tales como J. N. Darby, William Kelly, H. A. Ironside, entre muchos otros. En años posteriores, después de que estos primeros pioneros abrieran la Palabra de Dios a la Iglesia —especialmente a mediados del siglo XX— surgieron otros expositores evangélicos contemporáneos, como Dwight Pentecost y John Walvoord, quienes desarrollaron lo que se conoce como el Dispensacionalismo Contemporáneo: una forma modificada de la enseñanza dispensacional que difiere levemente del clásico.
Más recientemente ha aparecido el Dispensacionalismo Progresivo, el cual procura incorporar algunas características de la Teología de Pactos dentro de la enseñanza dispensacional. Craig A. Blaising y Darrel I. Bock son algunos de los principales representantes de esta corriente. Este alejamiento resulta mucho más radical respecto de la perspectiva clásica que el contemporáneo (el cual introdujo cambios más bien modestos, aunque, a mi juicio, algo equivocados).
También existe una divergencia particularmente extraña denominada ultradispensacionalismo, que propone posturas extremas, como afirmar que solo las cartas que Pablo escribió desde la prisión estaban destinadas a la era cristiana. Sus defensores rechazan o niegan que el bautismo y la cena del Señor tengan relación con el cristianismo. Sin embargo, como alguien ha dicho, la exageración de la verdad termina convirtiéndose en error. Lamentablemente, este dicho parece aplicarse, en alguna medida, a todos los puntos de vista teológicos.
[3] Algunos argumentan que esta no es una dispensación como tal, sin embargo, el hombre estaba bajo prueba y le fue dado dominio (o gobierno) sobre toda la creación original.
[4] Este periodo continuó hasta la venida de Cristo, sin embargo, Israel fracasó inmediatamente bajo la Ley. Por otro lado, aunque el cristiano no está bajo la ley, el uso legítimo de la ley continúa (1 Timoteo 1:7-9).
[5] En sentido estricto, la Iglesia no es una dispensación, sino un intervalo o paréntesis dentro de los tratos dispensacionales de Dios. El “misterio… respecto de Cristo y de la iglesia” (Efesios 5:32; 3:4) no era conocido en el Antiguo Testamento ni constituía el tema de los profetas. Algunos han sostenido —y no sin cierta razón— que este período posee rasgos dispensacionales, en cuanto implica una responsabilidad confiada a manos humanas y culminará con un tiempo de apostasía y juicio. Sin embargo, la verdadera Iglesia que Cristo está edificando no puede fallar y será quitada de la tierra en el arrebatamiento. No está sujeta a los “tiempos y sazones” de la profecía; su carácter es celestial.
Algunos han llamado a la era de la Iglesia la «época de la gracia», pero esto no es del todo preciso, pues Dios siempre ha obrado conforme al principio de la gracia (véase Génesis 6:8). Otros han considerado que la era de la Iglesia es una dispensación apoyándose en Efesios 3:2; sin embargo, allí se menciona una administración confiada personalmente a Pablo y no a la Iglesia como tal. También se argumenta que la era de la Iglesia terminará en apostasía y juicio, lo cual parecería encajar con la categoría de una dispensación. Con todo, más allá del fracaso externo en manos de los hombres, la Iglesia no constituye un período de prueba, sino un interregno (o paréntesis) en los tratos de Dios con Israel y con las naciones de la tierra.
[6] Al igual que la Iglesia, el estado eterno (cielos nuevos y tierra nueva) no constituye una dispensación como tal. El ser humano no podrá fallar, pues estará glorificado para siempre; por lo tanto, este estado no culminará en juicio y, de hecho, nunca tendrá fin. La gloria de Dios será establecida eternamente. Además, el estado de la nueva creación no tendrá relación alguna con el gobierno, lo cual es inherente a la idea de una dispensación o administración. En el estado eterno ya no habrá gobiernos, pues Dios será “todo en todos” (1 Corintios 15:28).
Extraído del libro Breve manual de terminología profética, Believer’s Bookshelf Canada Inc.