La teología de pactos interpreta la historia de la redención a través de un sistema de tres pactos globales:
El principal problema, según esta crítica, es que ninguno de estos pactos aparece de forma explícita en la Biblia. Por ejemplo, no hay indicios de que Adán estuviera bajo un «pacto de obras»: se le ordenó no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, y esa fue la única prohibición que debía guardar. Además, Adán se hallaba en un estado de inocencia en el que las leyes morales no serían aplicables como lo sugiere este «pacto de obras». El conocimiento del bien y del mal vino después de la caída de Adán, como resultado de ella, y no existía antes. [1]
La teología de pactos también lee la Biblia con una óptica alegórica y considera que las promesas hechas a la nación de Israel han sido subsumidas en la Iglesia. De modo que, cuando la Escritura habla de un pacto bíblico real —por ejemplo, el pacto con Abraham— todas las promesas relacionadas con la tierra de Israel y con su descendencia según la carne son alegorizadas: esas promesas habrían sido cumplidas plenamente, en un sentido espiritual, en la Iglesia —o, al menos, eso sostiene la teoría—. Por lo tanto, se afirma que la teología de pactos tiende a inventar pactos que no aparecen en el relato bíblico y, al mismo tiempo, mediante un sistema de espiritualización o alegorización, malinterpreta los verdaderos pactos revelados en la Palabra.
Como cristianos, hemos alcanzado la bendición de la salvación por medio del “nuevo pacto” [2]; sin embargo, se sostiene que la Iglesia no está bajo un pacto en sí misma, pues es un misterio revelado en tiempos del Nuevo Testamento. El cuerpo de Cristo está formado por quienes ya son salvos por la sangre del nuevo pacto, pero no existiría un pacto hecho con la Iglesia propiamente dicha. En general, la teología de pactos es amilenialista: no habrá un reino milenial en la tierra [3]; Dios ha terminado sus tratos con el pueblo de Israel y ya no quedaría ninguna promesa nacional por cumplirse en su favor. Esto es conocido como teología del reemplazo.
‘Teología del reemplazo’ o ‘supersesionismo’ son dos términos que describen exactamente lo mismo. “Supersesionismo” proviene del latín sedere (sentarse) y super (sobre); y es la enseñanza de que la Iglesia ha reemplazado o sustituido a Israel. Una vez más, este sería un elemento fundamental del amilenialismo: Dios habría terminado sus tratos con el Israel ‘étnico’ o nacional, y que todas las promesas hechas a Israel se han cumplido espiritualmente en la Iglesia.
[1] Los teólogos utilizan los términos prelapsario («antes de la caída») y poslapsario («después de la caída»).
[2] El perdón de pecados, la recepción del Espíritu, etc… El nuevo pacto ha sido ratificado por la sangre de Cristo, pero será promulgado con Israel en el futuro (Jer. 31:31-40). Jesucristo es el fiador (garante) y mediador del nuevo pacto (He. 7:22; 9:15). Sin embargo, el misterio de Cristo y la Iglesia es una revelación adicional que no es vista en el Antiguo Testamento (sin duda que los miembros del cuerpo de Cristo descansan en el fundamento del nuevo pacto).
[3] Hay un tipo de teología de pactos que visualiza un milenio literal: se llama ‘teología del nuevo pacto’. Este sistema parece incorporar aspectos de la teología de pactos clásica y el dispensacionalismo. Es una opinión minoritaria y es rechazada por la mayoría de los expositores de la teología de pactos y también por los dispensacionalistas. John Piper es partidario de este punto de vista.
[4] Esta postura con respecto a Israel y la Iglesia a veces es llamada ‘teología del reemplazo’, la cual consideraremos más detalladamente cuando hablemos de ella.