El cristiano en relación con los gobiernos de este mundo
Vida Cristiana

El cristiano en relación con los gobiernos de este mundo

B Brian Reynolds · 28 de Julio de 2026 · 7 min
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¿Cuál es la relación del cristiano con los gobiernos de este mundo, y cuál es nuestra responsabilidad —si es que tenemos alguna— en relación con ellos? En primer lugar, hay tres mandamientos claros, dados por medio de los apóstoles Pablo y Pedro:

“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas” (Romanos 13:1).

“Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra” (Tito 3:1).

“Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad, o a los gobernadores… Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo el bien hagan enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos. Anden como libres, pero no usen la libertad como pretexto para la maldad, sino empléenla como siervos de Dios… Teman a Dios, honren al rey” (1 Pedro 2:13-17).

Es evidente, por los versículos anteriores, que la actitud general del cristiano debe ser de sumisión y respeto. En los pasajes citados no se menciona ninguna excepción a estas exhortaciones.

Algunos cristianos creen y enseñan que solo podemos someternos a gobiernos justos, es decir, a aquellos que siguen las leyes de Dios. Pero los apóstoles no dicen eso. De hecho, cuando Pablo y Pedro escribieron estos mandamientos a los creyentes, el emperador Nerón gobernaba el Imperio romano. Era impío y perverso, al igual que su gobierno; además, perseguía a los cristianos.

Por lo tanto, nuestra sumisión no debe depender de la justicia o injusticia de un determinado gobierno, ni de su forma —sea democrática, autoritaria o cualquier otra—. Todos los gobiernos, cualquiera sea su forma, reciben en última instancia de parte de Dios la autoridad para gobernar. Tendrán que rendirle cuentas si han abusado de esa autoridad. En ocasiones, Dios utiliza guerras o revoluciones para cambiar el tipo de administración que tiene un país. Cuando ocurre un cambio así, el cristiano debe seguir adelante, siendo fiel a su Señor.

Pablo no estaba describiendo en Romanos 13:1-7 cómo deberían funcionar los gobiernos. No escribía a gobernantes ni a quienes aspiraban a serlo para enseñarles cómo administrar o constituir un gobierno. Más bien, el apóstol enseñaba a los cristianos por qué debían someterse y cuál es el propósito del gobierno.

Dios ha dado al gobierno el poder de la “espada” (Romanos 13:4), ya sea por medio de la policía o de las fuerzas armadas, para mantener el orden. De otro modo, la humanidad no podría desenvolverse a causa de la anarquía y el caos en la sociedad. La “espada” fue dada para beneficio del ser humano. Este principio se remonta al pacto que Dios estableció con Noé después del diluvio (véase Génesis 9:4-6).

El apóstol Pedro también nos da una razón para someternos: es “por causa del Señor” (1 Pedro 2:13). El Señor Jesús enseñó esta verdad a Simón Pedro de una manera muy personal durante su ministerio terrenal, en Mateo 17:24-27. Allí, el asunto estaba relacionado con las autoridades de Israel, el concilio gobernante, el Sanedrín.

El Señor dijo a Pedro que “los hijos están exentos” , es decir, que los hijos de Dios no estaban obligados a someterse al impuesto exigido por aquellas autoridades, pues eran hijos del gran Rey del universo. Sin embargo, para no “escandalizarlos” (Mateo 17:26-27), debía someterse a su autoridad. ¡Qué gran lección para Pedro!

Precisamente esta actitud es la que el apóstol, guiado por el Espíritu Santo, vuelve a enseñar en 1 Pedro 2:13-17: hacerlo “por causa del Señor” (v. 13) y como quienes son “libres” (v. 16). En efecto, los hijos son libres, pero siempre debemos considerar cómo nuestro comportamiento ante las autoridades afecta nuestro testimonio para Cristo.

¿Pero no existen excepciones a la sumisión a los gobiernos de este mundo? Sí, las hay. En Hechos 5:29, Pedro dijo a los gobernantes: “Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres”. Se trataba de un caso en el que las autoridades intentaban impedir que los cristianos predicaran el evangelio y anunciaran la resurrección de Cristo.

En este asunto tenemos una autoridad superior: la autoridad de Dios. Él nos ha mandado predicar el evangelio. Cuando la autoridad de Dios entra en conflicto con la autoridad de los hombres, debemos someternos a Dios antes que a los hombres. Puede haber otros casos semejantes, y en ocasiones quizá no sea tan claro para los creyentes cuál es el camino que deben seguir. Cuando esto ocurra, debemos clamar a Dios por su sabiduría y mostrar gracia y humildad los unos con los otros.

Por el lado positivo, hay ejercicios y responsabilidades espirituales que deben ocuparnos:

*“Exhorto, pues, ante todo que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, ***por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad.” (1 Timoteo 2:1-2).

Oramos por los gobernantes “para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada”. Es decir, rogamos para que mantengan la paz y el orden, de modo que podamos vivir nuestras vidas y el evangelio continúe extendiéndose sin impedimentos.

Una vez más: Nerón era el emperador cuando Pablo escribió estas palabras. Además, debe recordarse que Nerón finalmente ejecutó tanto a Pablo como a Pedro. Desde luego, tendrá que rendir cuentas a Dios por su maldad.

Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, se dedicó tranquilamente a predicar el evangelio, sanar a los enfermos y librar a las personas del poder de los demonios (véase Hechos 10:38). Algunos de sus discípulos, antes de su conversión, habían sido zelotes, como “Simón el zelote” (véase Lucas 6:15). El término griego sikarioi significa «hombres del puñal» o «sicarios». Eran personas comprometidas con el derrocamiento del dominio romano en Judea.

Pero Jesús los llamó a abandonar esa vida. Cristo jamás intervino en los asuntos políticos de Roma. Todo lo contrario: cuando sus enemigos intentaron tenderle una trampa sobre este tema, les enseñó que debían dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César (véase Mateo 22:15-21).

La hipocresía de los enemigos de Cristo fue escandalosa y manifiesta: lo entregaron precisamente bajo la acusación de ser sedicioso contra el César, de promover la rebelión y la insurrección. ¡Era una mentira! Sin embargo, él no protestó contra esa acusación injusta. Más bien, “se encomendaba a Aquel que juzga con justicia” (1 Pedro 2:23), y nosotros debemos seguir sus pisadas (véase 1 Pedro 2:21).

La ironía de toda aquella maldad contra Cristo fue que pidieron la libertad de Barrabás, quien sí había sido condenado por sedición (véase Lucas 23:19). Cristo jamás participó en insurrecciones o rebeliones, y nosotros tampoco debemos hacerlo.

Los cristianos no deben asociarse con movimientos políticos, especialmente con aquellos que alteran el orden social y la paz del lugar donde viven. Son embajadores de otra patria: una patria celestial y de paz, cuyo Rey será manifestado al mundo en el tiempo señalado, con gran poder y gloria. Entonces el mundo conocerá por fin cómo es realmente un gobierno justo.

Hasta ese día, procuremos manifestar las características del reino de Dios en nuestra vida personal y en nuestras asambleas:

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo”. (Romanos 14:17).

Amén.

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