Carta de J. N. Darby 1 de Octubre de, 1879
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Carta de J. N. Darby 1 de Octubre de, 1879

J J. N. Darby · 22 de Julio de 2026 · 3 min
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[Al Dr. Neatby]

Mi querido hermano,

Como usted menciona la humillación, deseo responder con unas palabras. Pienso que la humillación es precisamente lo que nos corresponde, considerando el estado general de los hermanos: su mundanalidad, el decaimiento de su testimonio positivo y, en general, su bajo estado espiritual.

Creía haberle hablado de Boquim cuando le escribí anteriormente, pero no lo hice, aunque sí escribí sobre ello a otra persona al mismo tiempo. Aceptaba la idea general de Boquim, pero no su carácter particular.

Boquim ocupó el lugar de Gilgal: el lugar de la circuncisión, donde estaba el Ángel del SEÑOR (aunque ellos no lo reconocían). Aquello significó el abandono judicial de Gilgal. Todavía no acepto que este sea el caso de los hermanos. Dios podría abandonarnos, y tendríamos que inclinarnos ante ello; pero confío en que aún no lo ha hecho.

La dificultad respecto de una humillación común era esta: lo que algunos juzgaban como pecado, otros lo promovían y lo defendían, o al menos lo consideraban algo muy leve. ¿Cómo podía haber, entonces, una humillación común y sincera? Precisamente aquello con lo que se justificaba el mal era lo que debía ser objeto de humillación.

El mero estado de los hermanos mostraba preocupación por el «hermanismo», no por la gloria de Dios. No digo que no hubiera nada de este último sentimiento; pero, en general, había vergüenza por el estado existente, sin llegar a la raíz.

Sin embargo, Dios ha juzgado el acto manifiesto y, supongo que puedo decirlo, ha librado a los hermanos del principio que estaba operando hasta ese punto… pero las almas piadosas están plenamente convencidas de que la desmoralización de la que hablé se ha manifestado. La cuestión de que los hermanos continúen existiendo como testimonio depende de que se recuperen de esto. Si no lo hacen, estarán en Boquim; pero allí Gilgal y la bendición habrán terminado. Confío en que el Señor mantendrá su testimonio. Considero que este asunto es sumamente solemne.

«X» adopta la posición de Hebreos 12:27: que los hermanos deben ser quitados como cosas que pueden ser sacudidas, y que él y unos pocos más serían levantados de nuevo como un testimonio nuevo antes de la venida del Señor. Ahora bien, si esa es la postura que se ha tomado —como afirmo que se ha hecho— entonces constituye un punto de importancia vital. Si tiene ese carácter, no procede de Dios. No se trata de un asunto personal. El asunto es si, como él afirma, los hermanos deben ser puestos a un lado o si han de permanecer como testimonio para Dios. Él ha actuado siguiendo una dirección privada que atribuye a Dios, con el fin de ponerlos a un lado. La mitad de los hermanos —me atrevería a decir que muchos más— no perciben lo que esto implica. Pero Dios ha obrado para juzgar tal acto manifiesto. Ahora queda por ver si los hermanos responderán a su misericordia acercándose más al Señor…

No espero que la mayoría de los hermanos perciba las consecuencias de todo esto; pero miro a Dios para que obre por su Espíritu, a fin de preservar —para la gloria de Cristo— un testimonio de él mismo, despertando las conciencias de los hermanos y apartándolos del mundo, tanto en el corazón como en la conducta, para que pueda usarlos como instrumentos de su testimonio.

Su afectuoso hermano en Cristo.

1 de octubre.

1.- Defensa hacia el «movimiento de los hermanos».

Carta de J. N. Darby 1 de Octubre de, 1879
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